“Spider-Man: Into the Spider-Verse” (todos podemos ser héroes)

El cine de superhéroes es el sub género que puede definir las dos primeras décadas del cine norteamericano del siglo XXI. Por ello es que muchos ya anuncian una saturación que roza con la decadencia. Envueltos en monstruos voladores y franquicias que alargan el final, es difícil para una película de superhéroes diferenciarse. Afortunadamente, este 2018 hemos tenido dos portentosas películas que se atrevieron a ir más allá y romper el molde: la sociológicamente impactante “Black Panther” y la multifacética “Spider-Man: into the Spider-Verse” (en adelante Spiderverse). A continuación, ahondaremos en las múltiples razones que hacen a Spiderverse la mejor película de nuestro vecino amigable.

Visualmente, la película arriesga y acierta. Una fiesta comiquera es el objetivo al que apuntaba el triunvirato de directores de Spiderverse y el resultado es espectacular. Spiderverse se caracteriza por un formato de animación particular, que se diferencia tanto del formato de dibujo televisivo como del trazo 2-D y 3D de Disney y Pixar. Esto, sumado a la presentación de viñetas y de precisos planos que refuerzan el norte narrativo han logrado que Spiderverse sea de las películas más dinámicas e interesantes de ver en la pantalla grande en el 2018. Así como se rogaba ver “Roma” en el cine, de la misma forma deberíamos invitar a ver Spiderverse en el cine. Y una vez más, debemos luchar por la no minimización de las películas animadas.

Pero Spiderverse no solo juega con el tipo de animación o los planos espectaculares, sino que presenta un espíritu aferrado al uso y abuso del color. Todo es estridente en Spiderverse, pero esto nunca chirría. El color parece cobrar vida en Spiderverse, cual simbionte enemigo de Spidey, y aporta la frescura y juventud que la historia presenta. Justamente este es uno de los temas de Spiderverse: una fuerza torrencial e incontrolable como la de su protagonista, el joven Miles Morales.

Porque Spiderverse es, en el fondo (y una vez más) una historia de origen: la de descubrimiento y crecimiento del buen Miles y su conversión paulatina en el nuevo Hombre-Araña. La película cumple con la cadena narrativa de estos orígenes: vida normal, descubrimiento de poderes, primera incursión semi-exitosa, fracaso y caída, redención y éxito final. Quinientas sesenta y tres veces hemos visto este arco en el cine y las series, pero Spiderverse sazona y condimenta esta historia de origen con muchas, muchísimas cosas y situaciones adicionales. Ahí radica su riqueza.

La más destacable, y el corazón de la película, es el contraste y aprendizaje mutuo entre Miles Morales y Peter B. Parker. Nuestro Hombre-Araña “clásico” (incluso se hacen varias referencias al Spidey del buen Tobey Maguire) viaja entre multiversos y se convierte a regañadientes en mentor de Miles. La película gana muchos puntos al presentarnos no solo la perspectiva de Miles (por ahora ausente en las versiones de carne y hueso de Sony o del MCU) sino también la de un Peter Parker maduro, gordo, divorciado y perdedor. La unión de ambos personajes servirá no solo para presentarnos geniales momentos cómicos, sino también para mostrarnos que en una relación maestro-alumno son ambos los que aprende y enderezan su viaje.

A esta bonita relación hay que sumar el otro gran aporte de Spiderverse: la colorida plantilla de personajes que presenta. En primer lugar, los Spider-Man alternativos no solo aportan frescura sino también su propio momento para brillar y colaborar con el camino hacia la madurez de Miles. Destacan particularmente Spider-Gwen (que con justa razón tendrá ahora su spin-off) y el maravilloso Spider-Man Noir (gracias por resucitar, Nic Cage). Además, brillan con luz propia todos los secundarios, desde una tía May warrior hasta un Kingpin súper intimidante con nada que envidiar al interpretado por Vincent D’Onofrio en “Daredevil”. El cast de esta película es uno de sus puntos fuertes y la razón por la que debe procurarse verla en idioma original.

Podemos tener un Spider-Man chanchito o una Spider-Girl versión anime, y el mensaje justamente de Spiderverse (y por lo que creemos que quedará en la posteridad) es que todos tenemos la posibilidad de ser superhéroes. Miles atraviesa ese pathos narrativo y triunfa finalmente como su propia versión de Spider-Man. Esto queda evidenciado en lo que debe ser ya uno de los mejores cameos de Stan Lee: su conversación con Miles al momento de venderle un traje de súper héroe, el cual al final de la película será “su” traje de “su” versión de Spider-Man. A unas semanas ya de la muerte de Lee este es el homenaje perfecto para el padre de Spider-Man que siempre tuvo fe en que su obra inspirase a todos nosotros a intentar ser héroes de la vida real.

Como decía Bowie, todos podemos ser héroes. Spiderverse apunta a eso, a inspirarnos a coger nuestras propias capas y enfrentar a los villanos de turnos (sean duendes verdes hulkianos o sean nazis no necesariamente tan antiguos como los que enfrentaba Spider-Man Noir). Esta aproximación de Spiderverse, reforzada a demás por un retrato real y multicultural del Nueva York del siglo XXI, hace que la película destace por encima de la media. Hace sentir que Spider-Man, por más ficción o caricatura que pueda haber sido, se sienta más real y más necesario que nunca. Hace desear que exista en la vida real. Por ahora, todos podemos poner nuestro granito de arena y tratar de ser vecinos un poquito más amigables.

 

El legado de esta película es reafirmar que todos podemos ser nuestra propia versión de Spider-Man.