Reseña: Kingsman: el círculo dorado

Este jueves 28 de setiembre llegó a la pantalla grande la segunda parte de la adaptación del cómic “The Secret Service”, creado por Dave Gibbons y Mark Millar: “Kingsman: The Golden Circle”, dirigida por Matthew Vaughh.

En esta ocasión, Egsy, a quien conocimos en la primera parte de esta saga como un joven en entrenamiento (“Kingsman: The Secret Service”, 2014), ya es un agente formado y en oficio; y, en este caso, se enfrenta a un nuevo reto a nivel internacional después de que las oficinas centrales de la agencia Kingsman son destruidas. Así, sus investigaciones lo llevan a descubrir una organización espía aliada en los Estados Unidos llamada Statesman, con la cual tiene que aliar fuerzas para volver a salvar el mundo.

Siguiendo con la misma premisa que la primera entrega en el 2014, esta película comparte escenas de acción dignas de ser recordadas desde el primer minuto del filme. Las coreografías y coordinación de las secuencias siguen siendo llamativas y extravagantes, y de seguro que a más de uno les dejará con la boca abierta. Sin embargo, creo que nada supera la escena de la iglesia de la primera película que, como muchos sabemos, tuvo que ser recortada para que pudiera ser emitida en las salas en Latinoamérica por su excesiva violencia. A esto se añade que el lenguaje visual y de cámara sigue siendo igual de limpio y rico que el de la primera entrega, no solo porque nos rememora a la viñeta de cómic, sino porque su desarrollo está pensado para aportar a la misma trama.

En cuanto al cast, en esta ocasión sigue contando con las increíbles actuaciones de Taron Egerton, Clon Firth y Mark Strong, pero se le añaden las participaciones de Julianne Moore, Halle Berry, Channing Tatum, Jedd Bridges y Pedro Pascal. Debo decir que contar con un reparto con tanta trascendencia es otro de los puntos a favor de esta película.

Taron Egerton como Egsy, ya había logrado que como espectadores empatizáramos con este chico de clase baja cuya moral, la cual a pesar de sus modales de “calle”, era inquebrantable y que en esta nueva entrega lo sigue siendo. Ahora como un agente formado y con una relación estable con la princesa heredera de Suecia tiene que volver a salvar el mundo junto a su revivido tutor, Harry Hat (Cloin Firth). En este caso, la introducción de nuevos personajes como Tequila (Chining Tatum), Champagne (Jeff Bridges), Whiskey (Pedro Pascal) y Ginger (Halle Berry), agentes de Statesmen, permite que la película tenga diferentes personalidades que agregan sus toques de comicidad, teniendo en cuenta que los Kingsman vienen de una cultura donde “los modales importan”, en este caso los agentes de Statesman de Kentucky son todo lo contrario. Debo resaltar la participación de Pedro Pascal, a quien ya vimos en Game of Thrones como Oberyn Martell y que ahora como Whiskey nuevamente se hace querer.

[A PARTIR DE AQUÍ CONTIENE SPOILERS]

 

Sobre la trama, esta película comparte la misma premisa general que la anterior: un villano psicótico que trata de cometer genocidio por alguna meta en particular. En la primera película teníamos a Samuel L. Jackson como Valentín, un multimillonario cuyo discurso se basada en “Matar la enfermedad y no el síntoma”, por lo que decide reducir el nivel poblacional para salvar el medio ambiente de la destrucción.

En este caso la villana es Poppy Adams, interpretada por Julianne Moore, y cuya propósito toca un tema bastante controversial: la legalización de las drogas. ¿Cómo intenta lograrlo? Pues nada menos que envenenando a todos los consumidores de estas sustancias para ofrecer el antídoto a cambio de que el presidente de los Estados Unidos legalice todo tipo de droga y le otorgue inmunidad. Cabe resaltar que ella es la contrabandista más grande alrededor del mundo, por lo que sus objetivos son meramente económicos. Aunque se añade que está cansada de estar encerrada y oculta con su dinero. Es justo esta situación las que nos permite una reflexión sobre el tema ¿el mundo estaría mejor sin esos “drogadictos” que hacen este sea “peor”? ¿Qué pasaría si mejor los dejamos morir? Es claro que para los “buenos” de la película toda vida humana tiene un valor único, mientras que para los “malos”, todo aquel que quebranta la ley no es digno de ser salvado.

Lo interesante de cómo trataron el tema, es que no solo se buscó poner a los drogadictos al descubierto (el primer síntoma del envenenamiento era volverte azul) sino también a aquellos que recurren a estas sustancias por algún u otro motivo, incluso seres queridos de los personajes, los cuales no necesariamente son “malas” personas. No diré más del asunto para que puedan juzgar y cuestionar ustedes mismo esta temática. Solo dejaré una pregunta abierta ¿soy yo o el presidente de los Estados Unidos les recuerda a alguien en particular?

Si bien el equilibrio de las escenas de acción y los obstáculos que se les coloca a los personajes en el camino hacia su meta hacen que el ritmo de la película sea constante, debo decir, a mi pesar, que ésta tiene un tercer acto muy largo, que lamentablemente llega a cansar al espectador. Además, de usar muchos elementos ex machina para salvar alguna situación. No entraré en detalles sobre ello, pero sí puedo decir que esta nueva entrega es una película que podrán disfrutar, son 141 minutos de pura acción, comedia, sangre y emoción.