Retablo: el Perú dentro de cuatro paredes

Por Richard O’Diana

ALERTA: EL SIGUIENTE TEXTO CONTIENE SPOILERS PARA LA PELÍCULA

En medio del debate sobre la “Ley de Cine” y la apabullante cantidad de blockbusters que llegan incluso antes del verano estadounidense (junio-julio), una pequeña película peruana se ha levantado como la sensación cinematográfica de esta primera parte del año: “Retablo”, ópera prima del director peruano Álvaro Delgado-Aparicio. Lo interesante es que esta película ha logrado mantenerse más de tres semanas en cartelera (aunque hay que precisar que esta supervivencia es casi limeña en su totalidad, y solo en algunas salas) además de haberse superpuesto a superproducciones en base al “boca-oreja” y convertirse en “la película que tienes que ver”. Con toda esta expectativa encima, “Retablo” no decepciona, sino que crece mucho.

“Retablo” destaca en su construcción, lenta y calmada, sabiendo a lo que juega y con el timing preciso de soltar la información que necesitamos saber, jugando con nuestras expectativas y revirtiendo lo que creemos saber. En ese sentido, el guion, del propio Delgado-Aparicio y de Héctor Gálvez, juega con la sugerencia: mientras ves las preciosas imágenes de la película sabes que algo se está cocinando detrás; es como una tetera que poco a poco va llegando a un nivel de ebullición. Finalmente, cuando el gran secreto de la película es revelado, entramos a lo que en verdad quiere contar “Retablo”.

INICIO DE SPOILERS

La película pudo estar contado desde el punto de vista del papá (correctísimo Amiel Cayo), quien al fin y al cabo tiene el conflicto que desencadena la película. Pero resulta una opción muy interesante de Delgado-Aparicio y de Gálvez que la película esté contada desde los ojos de Segundo (notable Junior Béjar). En el más puro estilo de odas contadas desde el punto de vista del niño como “Los 400 golpes” o “El Imperio del Sol”, “Retablo” vive y muere por el arco narrativo de Segundo. Resulta a través de los ojos de este adolescente que entendemos la dificultad que conlleva vivir la sexualidad de uno en una sociedad reprimida como la peruana. Mientras que en películas como “Call me by your name” vivimos la desolación de una persona por el amor libre pero trunco, en “Retablo” vivimos la desolación de una persona y, sobre todo, de sus seres queridos, por el amor que nunca puede ser. El ángulo de Segundo es el del niño que crece y ve como su modelo a seguir no es lo que él y la sociedad esperan. Ese recorrido y su giro final en el que decide optar por el amor al padre es la última gota de devastación en una película dura que se abre a la esperanza hacia el final.

Todo este poder argumental es reforzado por la pericia que demuestra Delgado-Aparicio detrás de cámaras. Su labor como director es muy buena, desde el muy buen uso de técnicas como los travellings o las tomas continuadas, hasta el uso del hermoso paisaje serrano como un personaje que se expande geográficamente pero que es limitado y te atrapa. El concepto de lo atrapado, o reprimido, lo encorsetado, es un recurso que Delgado-Aparicio trabaja muy bien en la película, pintando cual retablista diversas situaciones que son producto de la vida diaria de sus personajes. Con cada situación conocemos una realidad de los personajes, sea esta real o impostada.

Finalmente, no podemos evitar mencionar en el tratamiento de esta película el respeto de todas las orientaciones sexuales versus la tradición de una sociedad mayoritariamente conservadora como la andina. Mediante el personaje de Segundo, “Retablo” termina tomando partido por la igualdad y el amor sin barreras, sin llegar a tener tintes panfletarios o moralistas. Hubiera resultado algo más interesante poder tener cierta bidimensionalidad en aquellos personajes que representan la postura más conservadora (como la madre de Segundo interpretada por Magaly Solier o por los miembros de la ronda campesina). Si algo le podemos criticar a la película es presentar esta idea maniquea de las rondas, sin ningún rezago de reflexión o duda en su accionar más allá de ofrecer seguridad a toda costa (en el eterno debate entre el pluralismo jurídico y el relativismo de los derechos humanos). De esta forma hubiésemos tenido una imagen más concreta del sentir de toda la comunidad, lo cual era importante a la hora de ahondar en el desasosiego de Segundo y su padre.

Estamos ante una gran película peruana, con uno de los directores más prometedores de los últimos años y que demuestra que en el Perú podemos hacer grandes películas que le hagan frente a los Godzilla y los Pikachu. Que sean muchas más.