Reseña: La Guerra Por el Planeta de los Simios

Dentro de una cinematografía actual llena de “remakes” y secuelas, se agradece que una de ellas se destaque por sobre la media para ofrecernos un atrapante historia que reboza humanidad…a pesar de estar protagonizada por animales. La trilogía moderna de “El Planeta de los Simios” culmina ahora con su tercer entrega, “La Guerra por el Planeta de los Simios”, la cual representa un buen cierre para una de las mejores sagas del siglo XXI.

Mientras que en las dos anteriores películas habíamos asistido al surgimiento de César (Andy Serkins) como líder de una nueva raza de simios y su posicionamiento como alternativa a la humanidad luego de su locha física e ideológica con su ex compañero Koba, en esta tercera entrega vemos cómo un viejo y apesadumbrado César se enfrenta a la consecuencia natural que el nuevo orden mundial demanda: su enfrentamiento con los humanos. Porque incluso si el título de la película lo sugería (la guerra), esta batalla no surge por un deseo violento de César (presentado como un pacifista racional en toda la saga) sino por el deseo más puro y animal de la venganza.

De esta forma, en la película vemos como poco a poco César se va hundiendo en un torbellino de sufrimiento y derrotas, tanto morales como físicas, la mayoría de ellas causadas por el antagonista de turno, el Coronel (Woody Harrelson), un militar que racionaliza la guerra suicida sabiendo que se juega los descuentos. Este tratamiento es consecuente con lo que se nos ha mostrado de César en las películas anteriores, siendo el detonante de una pérdida familiar lo que involucra a nuestro protagonista en una espiral de venganza, para cavar capturado y humillado por el Coronel en una suerte de campo de concentración para simios. Por ello es que el cierre de la trilogía de esta saga es mitad una película viaje de venganza y mitad una película de escapes de prisión. La película balancea bien ambas fases, dotando al roster de la saga (comandado por César y secundado por el genial Maurice) con nuevos e interesantes personajes como la niña “Nova”  o el Mono traidor “Donkey”.

Donde se resiente la cinta es en su desenlace y últimos veinte minutos. Mientras que el escape de prisión con un plan elaborado era una solución obvia e inevitable, es el recurso del enfrentamiento, la “guerra” propiamente dicha, la que resulta la parte más floja de la película. Incluso tenemos una escena de César corriendo tras explosiones y bombas, escena tan repetida que casi parece la parodia que hizo Ben Stiller con “Tropic Thunder” hace unos años. Es como si Michael Bay hubiese tomado el control de la película por ese tramo final. Aunque la saga se redime con la bella escena final, con un César en papel de Moisés mirando cómo su pueblo llega a la tierra prometido mientras atesora sus últimos momentos. Son esos minutos donde César se convierte en Stallone los que bajan la película de un “excelente” a un “muy bien”. La mejor de la saga siempre será la segunda, “El Amanecer del Planeta de los Simios”.

Lo que la saga moderna de “El Planeta de los Simios” nos deja es una cinta que demuestra que un blockbuster también puede dejarnos grandes momentos muy bien pensados, como el acecho y enfrentamiento con el que se abre esta última entrega, o discusiones humanistas como los que entablan César y el Coronel en los aposentos de este último. Pero si hay dos nombres que terminan por consagrarse son el de Andy Serkins, que con Gollum y César debería hacer que la Academia reviva los Oscars por “reconocimientos especiales” y el de Matt Reeves, un director que ha demostrado no solo competencia sino, y esto es tal vez lo más importante en estas épocas de sequías, con un gran pulso narrativo para sostener películas y nunca aburrirnos (tanto esta como la segunda entrega de la saga duran casi tres horas, y eso no se siente en los espectadores). En otras palabras, no hay apuesta más segura que darle a Reeves la nueva entrega de Batman.

Párrafo aparte se merecen los encargados del CGI: los simios de esta saga simplemente son los mejores efectos especiales de la historia. Sea en close-ups o en planos abiertos, uno nos distingue la diferencia entre ir a un zoológico o mirar a los personajes de la película. De otro planeta.