Bohemian Rhapsody: la crítica pretenciosa muerde el polvo (de nuevo)

Está de más hablar de Queen o de Freddie Mercury. Todos sabemos quiénes son. Pero ¿realmente sabemos quiénes son? Pregunta interesante que podría ser respondida por un documental o un libro biográfico, pero no necesariamente por una película de ficción. La crítica (y algunos fans) han destrozado a “Bohemian Rhapsody” (en adelante BR) por su falta de sinceridad y de verdad. Pero esto, sencillamente, es pedirle peras al olmo.

La ficción debe ser sincera. Tomando como base que casi toda ficción consiste en actores recitando un parlamento inventado, la ficción se naturaliza en base a la sinceridad que desprende su desarrollo. Y BR cumple con creces esto tanto en narrativa como en veracidad. Esto último cumple su cometido en la película. Se critica que BR oculta la sexualidad de Freddie Mercury, cuando esto no es cierto. Tenemos varios pasajes en la película donde Freddie reprime su deseo y trata de luchar contra lo que él consideraba (erróneamente) que destruiría su vida. En medio de una sociedad represora, Freddie creció con una familia reservada y la amenaza imperante del sida. Siendo el hombre más famoso de la música en su época, a Freddie Mercury sencillamente no le importó convertirse en un ícono o que se ventile con quién dormía.

Como dicen en la propia película Freddie: “Yo me defino a mí mismo, nadie más”. Y en casi todas las críticas que se destruyen BR se siente un tufillo dictatorial de impregnarla vida de Freddie con lo que uno “sabe” o “cree que sabe” de la vida de Farrokh Bulsara. En BR no hemos tenido un caos como en “The Imitation Game” la película de hace unos años protagonizada por Benedict Cumberbatch en el que descaradamente se ocultó la homosexualidad de Alan Turing, el genio de las matemáticas que frenó una guerra e inspiró el logo de la multimillonaria Apple. En BR incluso se verbaliza el conflicto de Mercury, de sentir que tenía otros problemas más grandes que definirse (o ser definido) por su sexualidad.

Porque Mercury era una persona que luchaba contra el fantasma vacío de la fama. Depresión y otros males que también se enfocan en la película (en especial en las escenasde conversación telefónica entre Freddie y Mary). Sí puede ser criticada talvez la falta de desarrollo de ambos intereses amoroso de Freddie: mientras que Mary es graficada como una compañera amorosa y posteriormente espiritual casi perfecta, Paul es descrito en dos claves como el pérfido amante y aprovechador de Freddie. En ese desarrollo de personajes sí faltó más empuje.

Donde sobra empuje es en la descripción de Mercury y Queen. Porque esta es la película que cuenta la historia de una banda icónica que le daba siempre al público incluso más de lo que pedía. Y el objetivo de BR es contar durante dos horas la espectacularidad del ascenso, cual cohete, de una de las bandas más icónicas de la historia de la música. La base de todo esto es, por supuesto, un Rami Malek espectacular. No es el papel de su vida (ese es y siempre será el icónico Elliot Alderson de “Mr. Robot”), pero BR es el Master de Malek para entrara las grandes ligas de Hollywood. No solo porque tiene casi asegurada su nominación al Oscar, sino porque en verdad vemos una metamorfosis que literalmente en base a sangre, sudor y lágrimas logra algo muy difícil: darle humanidad al portentoso Freddie Mercury. Porque no es solo una suma de gestos y vestuarios: el verdadero truco de la actuación es darle realidad y mundanidad a cualquier personaje.

Rami es la película y a la vez no, ya que BR también desarrolla muy bien a los otros miembros de la banda, con las cuotas precisas del humor de Taylor, la terrenalidad de Deacon y la paternidad de May. Si la película hubiera solo sido “el show de Mercury/Malek” entonces sí estaríamos frente a un descalabro mayúsculo. Afortunadamente, este no ha sido el caso. Por ello el reconocimiento justo a los co-directores Bryan Singer (despedido justamente por sus acusaciones de abuso sexual) y Dexter Fletcher (traído de emergencia para reemplazar a Singer y que el próximo año promete mucho con “Rocket Man”, la bio del gran Elton John).

Justamente la dirección sobresale en la mejor escena de la película y una de las escenas del año: la fastuosa recreación de la presentación de veinte minutos de Queen en el mítico concierto Live Aid. Un ejercicio energético de garra y tesón que no solo descansa en los hombros de Malek, sino también en los de la dirección de la película. El renacer de la mítica banda es el clímax de la película, y vaya que lo cumple. La gente coreaba “Radio Ga Ga” y nadie tenía derecho a quejarse; porque eso era y es Queen.

Rami Malek: alma, corazón y vida de “Bohemian Rhapsody”.