Blade Runner 2049: una película inteligente

Se ha escrito tanto de esta película y seguro falta que se escriba mucho más. Y es que “Blade Runner 2049” es una de esas obras cinematográficas que despiertan y despertarán debates por muchas décadas más, hasta que se reconozca su real valor y dimensión. En simples palabras, una digna sucesora a la original “Blade Runner” de Ridley Scott.
Por eso debemos reconocer, en primer lugar, la valentía de un Denis Villeneuve que si bien es uno de los directores jóvenes más talentosos de Hollywood aún no tiene el “crédito ganado” como otros (saludos Nolan). Villeneuve, que el año pasado deslumbró con la maravillosa (y superior) “Arrival” ha demostrado que tiene la personalidad necesaria para ser una de los grandes y hacerse sentir, sin necesidad de calcar a otros o mover la cámara como un orate (saludos David O. Russel). La principal virtud de Villeneuve es el de crear atmósferas (en se sentido, Villeneuve es más Kubrick que el mismísimo Nolan). Prueba de ello es la entrada a la nave en “Arrival”, la escena de cruce de la frontera en “Sicario” o casi todo “Prisioners”. Y para crear atmósfera, Villeneuve es lo suficientemente inteligente como para rodearse de los mejores artistas del medio.

Existen ya demasiados halagos para la carrerea y para este trabajo en especial de Rogger Deakins…y aquí va otro. Lo que hace Deakins en esta película es de otro mundo. El tipo es dueño de los colores y los contrastes. Simplemente hace lo que quiere en luz o e sombra, sin importar si estamos en el desierto más anaranjado o en el mar más oscuro. Lo mismo para con Hans Zimmer (acompañado de Benjamin Wallfisch), quien con su música siempre ofrece el contexto adecuado para lo que sucede en pantalla. Ni hablar de los efectos especiales y maquillaje que seguro harán de “Blade Runner 2049” una de las principales nominadas al Oscar 2049.

Donde sí creo que la película flojea un poquito es en el apartado de guion y personajes. Puede sonar paradójico pero creemos que a la película le sobró metraje en unas partes y le faltó en otras. Por un lado, el ritmo lento está muy bien para una producción que se distancia de los blockbusters artificiales y vacío (saludos, Marvel y DC), pero algunas escenas ya resultaban demasiado repetitivas o contemplativas, cortando las dos grandes tramas que nutren la película. Por otro lado, justamente esas dos tramas están bien justificadas, pero se siente que algunas decisiones y motivaciones de los personajes carecen de una base sólida. Así por ejemplo, entendemos todo lo referente al pasado no vivido del replicante K (Ryan Gosling), pero no queda tan bien justificado su súbito deseo de salvar a toda costa a Deckard (Harrison Ford) e ir en contra de la rebelión de los replicantes.

Asimismo, si bien somos grandes hinchas de Ford, creemos que Deckard y todo el último tercio de la película es lo que más flojea de la nueva cinta de Villeneuve. No solo porque existen vacíos en las motivaciones de K (que seguro serán cubiertos en un Director’s cut), sino que además creemos que el personaje de Deckard está totalmente desperdiciado. Salvo la gran escena inicial entre K y Deckard (que acaba con su pelea en medio de hologramas de artistas de Las Vegas, que a nuestro gusto es la mejor escena de la película), el personaje de Harrison Ford es un espectador más, y no en el buen sentido “personaje que representa al espectador promedio”. Ford es secuestrado, escucha a Wallace (Jared Leto, acartonado y desaprovechado como en su Joker de “Suicide Squad”) y luego tiene que ser rescatado por K de las manos de la poderosa Luv (Sylvia Hoeks, magnética y letal). Entendemos que el buen Harrison ya está entrado en años, pero al menos se le pudieron dar momentos épicos o una importancia en la trama como la tuvo en “El Despertar de la Fuerza”. Su reencuentro con su hija no se siente tanto una recompensa para él como para el personaje de K.

Y es que “Blade Runner 2049” es la película de Ryan Gosling, quien se consolida como uno de los principales leading man de su generación. Si bien se le acusa de tener una “cara de palo” y de tener un solo registro, el buen Ryan demuestra aquí que tiene matices, que es tal vez lo más importante en un actor. En verdad sentimos el viaje de K, su frustración y vacío a la hora de afrontar la realidad, sea de su pasado inventado o de su presente amor cibernético Joi (Ana de Armas, sorprendente y cautivante). El K de Gosling es un personaje cansado y patético, pero que busca siempre la verdad sobre el caos y sobre sí mismo ante todo. De esta forma, es el perfecto detective de film noir que necesitábamos de protagonista, tal cual lo fue Ford con la “Blade Runner” original.

Igual resulta necesario un segundo y hasta un tercer visionado de esta densa y atrapante película, pero que no escapa de tener unos fallos narrativos que más pueden considerarse pequeños baches que errores garrafales. En su conjunto, la película resulta una experiencia visual magnífica y una historia mayormente sólida, que además nos hace pensar y reflexionar sobre la existencia humana y lo que realmente buscamos como sociedad. Por ello, por ser sobre todo una película inteligente, “Blade Runner 2049” resulta imprescindible para todo amante de la ciencia ficción y del cine en general.