Baby Driver: Edgar Wright a todo gas

En tiempos de remakes y secuelas, se agradece que aparezca un tipo como Edgar Wright que combina perfectamente el cine de autor con el cine palomitero. Porque como Tarantino o Nolan, Wright ha logrado que su cine sea reconocido por su particular estilo y a su vez entretenernos a raudales. Luego del “affaire Ant Man” (en el que ¿afortunadamente? Wright logró desmarcarse del MCU), el joven director inglés vuelve a la pantalla grande con “Baby Driver”, una película de crímenes donde se combinan las balas con la música y las referencias culturales. Desde “Monster Inc” hasta “Hocus Pocus”.

La película tiene todos los elementos que le pedimos a una cinta del subgénero “heist”: atracos peligrosos, escapes de último minuto, polis que persiguen ladrones, chicos rudos y chicas peligrosas. En ese sentido, Wright nos presenta el clásico manual, solo que le dota de su ropia originalidad y perspectiva. Porque eso es lo que hace Wright: toma subgéneros como el cine de zombies (“Shaun of the dead”) o el cine de policías (“Hot Fuzz”) y nos cuenta en clave de comedia los pseudo mitos y contradicciones que personajes realmente corrientes viven en situaciones particularmente irreales (un apocalipsis zombie o una invasión alienígena en la menor pero igualmente divertida “The World’s end”). En “Baby Driver” tenemos a un protagonista, Baby (Alsen Elgort), que para superar un trauma más psicológico que físico vive 24/7 con un ipad, sus audífonos y música muy variada, viviendo su vida diaria (atracos incluidos) con su propio soundtrack de fondo. Vamos, todos aspiramos a vivir nuestras grandes aventuras con música poderosa de fondo.

Wright es un autor de verdad, alguien que no tiene miedo a innovar. Eso lo vemos en momentos claves como por ejemplo los tiroteos, en los cuales la música que sonaba de fondo calzaba exactamente con los disparas y balazos que aplicaban los personajes. En esos detalles está Wright. Y como director, ni que decirlo, el británico es muy hábil con la cámara y con el “blocking”. Prueba de su virtuosismo técnico no solo son las notables persecuciones en coche de la película, sino por ejemplo la segunda escena de la película: Baby sale de un edificio, cantando y haciendo gestos, cruza la calle, entra por un café, sale y vuelve a entrar a un edificio; todo ello en un solo plano secuencia que no tiene que envidiar nada a lo visto en “Birdman”.

Más allá de Wright y la música, la tercera pata del trípode protagonista es Alsen Elgort un muchacho que muchos pudimos haber colocado dentro del grupito de “jóvenes blancos que aparecen en películas basadas en libros de Young Adults” pero que aquí se consagra, con una garra y unos huevos para afrontar un personaje complicadísimo: parco pero expresivo, letal pero romántico, experimentado pero inocente. Elgort sale a flote y promete mucho, pero también está muy bien rodeado tanto por actores muy solventes que ya no tienen nada que probar (Spacey, Foxx) como por dos de las grandes sorpresas de la película: una dulce Lily James como Debora y un potentísimo Jon Hamm como Buddy, quien demuestra que es más que Don Draper y nos ofrece un personaje complejísimo en esta cinta.

Donde sí se resiente “Baby Driver” es en el guion, el cual presenta algunos agujeros (¿cómo repentinamente el personaje de Spacey pasa de enemigo a amigo en un segundo?) y algunos desenlaces poco orgánicos. En especial el final de la cinta, el cual se siente apresurado y excesivo, transformando a Jon Hamm en una especie de Terminator y que confunde el climax con un enfrentamiento visceral inevitable; en esta parte, “Baby Driver” se transforma en las películas de la saga “Rápidos y Furiosos”. Asimismo, el epílogo es excesivamente largo y algo edulcorado.

Tal vez no sea casualidad que junto con su debut fílmico (“A Fistful of Fingers”), “Baby Driver” sea la única película que Wright ha escrito solo. Mientras que en la fabulosa “trilogía del Cornetto” contó con su inseparable Simon Pegg y en “Scott PIligrim” contó con Michael Bacall (el tipo detrás de las geniales 21 Jump Street), en “Baby Driver” Wright es autor único del guión y aquí se nota la diferencia. Tal vez contar con un coautor que lo contengan y corrija algunas cosas pueda ayudar a Wright en su siguiente cinta. Por ahora, el “Wright director” me sigue cautivando mucho más que el “Wright guionista”.